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1. Observaciones generales.

1.1. A la hora de redactar un texto que comunique algún mensaje son muchos los elementos a tener en cuenta. Y es que, cada uno de los elementos que compone la cadena comunicativa (emisor, mensaje, código, canal, contexto, codificación, descodificación, receptor) puede presentar múltiples variaciones.

1.2. El enunciado de la ficha, "Transmitir información para un fin concreto", no especifica ni el tipo de información a transmitir, ni el fin de la transmisión. Por ello, lo mismo se puede tratar de la transmisión de un texto poético con finalidad coreográfica, que de un discurso didáctico con finalidad humorística, que...

1.3. Aquí, acotando ese amplio mundo, se tratará de los discursos de tipo representativo (textos informativos, unidades didácticas, discursos técnicos, lógico-deductivos, científicos...). Y se supondrá que la finalidad es del mismo tipo.

2. Reglas orientativas.

2.1. Tres palabras latinas pueden expresar, en síntesis, el procedimiento a seguir: recopilación, organización y redacción.

2.2. La fase de la recopilación supone que de las fuentes que están al alcance del comunicante se han extraido los datos, ideas e informaciones que se han considerado pertinentes. La consulta no tiene por qué ser tan sólo externa.

2.3. La recopilación supone ya un nivel de elección, pues el fin propuesto ejerce como polo de atracción o repulsión de ideas, informaciones, imágenes, etc. El fin mueve y fuerza la elección.

2.4. En segundo lugar, la organización. Hay que decidir, por una parte, el hilo conductor alrededor del cual se unirán los elementos previamente seleccionados y, por otra, el esquema general de lo que hay que componer.

2.5. Por último hay que redactar el texto. Cada uno a su manera, pero respetando unos mínimos: las reglas de la gramática y las de la lógica.

2.6. El resto, es decir, la belleza, la brevedad, la brillantez, la claridad, la riqueza expresiva, etc. son factores que dependen en gran medida de la calidad del comunicante y de ella no se trata aquí. Solamente apuntar que un buen escritor es antes que nada un buen lector.

2.7. Un texto es fruto, normalmente, de multiples correcciones, retoques y reescrituras. Y cuanto menor es el hábito de escribir, mayor es la necesidad de revisar el texto.

2.8. En todo momento conviene no olvidar ni el fin general, ni la tipología del posible receptor. Al fin y al cabo, un texto es un intento de comunicación entre un comunicante, el escritor, y un receptor, el posible receptor del texto.

2.9. La ayuda de un lector benévolo puede resultar útil a la hora de revisar, corregir y mejorar el texto.