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1. Observaciones generales.

Captar la información general de un texto oído presenta varias dificultades:

1.1. Dificultades inherentes al mismo texto o discurso: No es lo mismo una conversación informal, un refrán, un cuento popular, un discurso improvisado, o un texto escrito leido. El texto leido está estructurado como texto, sin repeticiones innecesarias, con una progresión determinada, con una fuerte coherencia, con un lenguaje normalmente cuidado, etc. Características que en una u otra medida, están ausentes del discurso improvisado, de la conversación y de los demás textos antes citados.

1.2. Dificultades derivadas de la audición: El texto oído es efímero y no se materializa más que en nuestra memoria o en las notas que vayamos tomando en el curso de la audición. Dejamos de lado otras materializaciones como grabaciones, filmaciones, etc. pues no vienen al caso. Y dejamos también de lado la materialización en la memoria, fijándonos en las notas que se pueden tomar.

Esta materialización exige, entre otras, atención continuada, capacidad de discernir lo principal de lo secundario o de lo intranscendente, capacidad de síntesis y de expresión abreviada, conocimiento de los géneros y recursos literarios, etc.

1.3. De entre todos los posibles textos que pueden ser oídos, aquí se tratará de textos escritos, dichos posteriormente.

2. Procedimiento.

2.1. Mantener constantemente despierta la atención. Es una condición imprescindible; sin ella no recogeremos la información que transmite el discurso, o la recibiremos en retazos, con el consiguiente peligro de fragmentación, incoherencia e incluso de transformación de la información recibida.

2.2. Recordar que si el soporte del discurso es un texto escrito, éste se hallará estructurado en párrafos separados por un punto y aparte. Punto y aparte que, a nivel oral, se traduce por una pausa larga ; del mismo modo que los puntos y seguido se traducen por pausas un poco más breves y las comas por pausas breves. Las pausas, por lo tanto, informan sobre la estructuración del discurso.

2.3. Si, normalmente, en cada párrafo se expresa una idea o una información principal y adyacentemente alguna o algunas secundarias, la capacidad de síntesis habrá de aliarse con la atención para, nada más acabar el párrafo, transcribir brevemente la idea o la información principal.

2.4. La brevedad de las notas, necesaria para seguir con atención el devenir de un discurso, exige eliminar todo aquello que, desde el punto de vista de la comprensión, se considere superfluo: adjetivos, figuras literarias, determinantes... Incluso lo necesario puede ser abreviado, eliminando terminaciones habituales, sustituyendo palabras por signos matemáticos, utilizando siglas, abreviaturas, etc.

2.5. Tras todo lo anterior debe quedar claro que para captar la información de un texto leido, lo único que no se debe intentar es transcribir literalmente todo lo que se oye y a medida que se oye. Esa es labor de taquígrafos, no de oyentes interesados ; y , para estos últimos, esa es una labor imposible.

3. Uso.

En esto, como en casi todo, la práctica, el hábito, facilita la tarea. Captar y retener la información de un texto leido puede hacerse sin gran dificultad, contando siempre con una memoria normal y una gran atención, si el texto es breve y no dura más que unos cuantos minutos.

Las notas, en cambio, se vuelven imprescindibles si el texto es medianamente largo: una clase, una conferencia, etc. De todos modos el tomar notas ayuda a mantener la atención. Y al revés.